martes, 29 de julio de 2014

EL BUEN SAMARITANO

Un maestro de la Ley, que quería ponerlo a prueba, se levantó y le dijo: <<Maestro, ¿Qué debo hacer para conseguir la vida eterna?>> Jesús le dijo: <<¿Qué está escrito en la Escritura? ¿Qué lees en ella?>> El hombre contestó: <<Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y amarás a tu prójimo como a ti mismo.>> Jesús le dijo: <<¡Excelente respuesta! Haz eso y vivirás.>> El otro, que quería justificar su pregunta, replicó: <<¿Y quién es mi prójimo?>>

Jesús empezó a decir: <<Bajaba un hombre por el camino de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos bandidos, que lo despojaron hasta de sus ropas, lo golpearon y se marcharon dejándolo medio muerto.
Por casualidad bajaba por ese camino un sacerdote; lo vio, tomó el otro lado y siguió. Lo mismo hizo un levita que llegó a ese lugar: lo vio, tomó el otro lado y pasó de largo.>>

Un samaritano también pasó por aquel camino y lo vio; pero éste se compadeció de él. Se acercó, curó sus heridas con aceite y vino y se las vendó; después lo montó sobre el animal que traía, lo condujo a una posada y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente sacó dos monedas y se las dio al posadero diciéndole: <<Cuídalo, y si gastas más, yo te lo pagaré a mi vuelta.>>

Jesús entonces le preguntó: <<Según tu parecer, ¿cuál de estos tres fue el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?>> El maestro de la Ley contestó: <<El que se mostró compasivo con él.>> Y Jesús le dijo: <<Vete y haz tú lo mismo.>>





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